Monitor global de terremotos en vivo ·
Datos USGS
Cuando una falla se rompe, la energía no viaja de una sola manera. Se propaga en todas las direcciones como ondas —igual que los círculos en el agua al lanzar una piedra— a través de la roca, la corteza y finalmente la superficie de la Tierra. El temblor que sientes durante un terremoto no es la falla en sí misma, sino la energía que transportan esas ondas al alejarse de ella.
Existen varios tipos de ondas sísmicas y cada una se comporta de manera radicalmente diferente. Entenderlas explica por qué los terremotos lejanos se sienten como un balanceo lento, por qué los sistemas de alerta temprana pueden avisar antes de que llegue la sacudida destructiva, y por qué algunos edificios sufren más que otros según el tipo de suelo en que se asientan.
Las ondas P (Primary, o primarias) son las más rápidas y siempre llegan primero a cualquier punto de observación. Se propagan a aproximadamente 5–8 km/s en roca sólida y pueden atravesar continentes en minutos. Son ondas de compresión: la roca se comprime y se expande en la dirección de propagación de la onda, como un resorte que se empuja por un extremo.
Cuando las ondas P llegan a la superficie se sienten como un golpe corto y brusco. A veces, justo antes de la sacudida principal, se escucha un sonido grave parecido al de un camión que pasa —es la energía P convirtiéndose en vibración del aire a frecuencias audibles.
Las ondas S (Secundarias) viajan más despacio, a unos 3–5 km/s, y siempre llegan después de las P. A diferencia de estas, las S mueven la roca perpendicularmente a la dirección de propagación —como agitar una cuerda de lado a lado. Este movimiento de cizalla es mucho más destructivo para los edificios que la compresión.
La sacudida intensa que se siente durante un terremoto la producen principalmente las ondas S. Los edificios están diseñados para soportar cargas verticales (la gravedad), pero son mucho más vulnerables al movimiento lateral. Las ondas S generan ese movimiento de lado a lado que agrieta paredes, rompe uniones estructurales y derrumba edificios con escasa resistencia sísmica.
Las ondas superficiales viajan por la superficie terrestre, no por el interior. Son más lentas pero pueden tener amplitudes mayores, especialmente lejos del epicentro. Hay dos tipos principales:
Las ondas superficiales se atenúan más lentamente con la distancia que las ondas de cuerpo (P y S). Un gran terremoto en Japón puede registrar sus ondas superficiales en sismógrafos europeos dando vueltas completas al planeta.
La diferencia de velocidad entre ondas P y S es la base física de los sistemas modernos de alerta temprana de terremotos. Cuando una red sísmica detecta las ondas P de un gran terremoto, puede estimar su magnitud y ubicación en segundos — y enviar una alerta antes de que lleguen las ondas S y superficiales, más lentas y más destructivas.
A 50 km del epicentro hay unos 10–15 segundos de margen. A 200 km, entre 60 y 90 segundos — tiempo suficiente para que un cirujano pause una operación, un tren de alta velocidad frene automáticamente o una fábrica detenga procesos peligrosos. A mayor distancia, más tiempo de aviso. En el epicentro mismo, P y S llegan casi simultáneamente y no hay margen.